Cuando Lehman Brothers colapsó en 2008, mucha gente se preguntó cómo era posible que una entidad de esas dimensiones pudiera caer tan deprisa. Jim Collins llevaba años estudiando esa pregunta, aunque aplicada a un espectro más amplio de empresas. Empresas que caen es la respuesta que construyó durante cinco años, y llega como continuación natural de Empresas que sobresalen, su obra más conocida y reconocida como uno de los mejores libros de management de la primera década del siglo.
Lo empecé una mañana de entre semana, antes de una reunión sobre gestión de riesgos, y llegué a esa reunión con más materia para pensar de la que esperaba. Collins no escribe para la galería ni para el lector casual de aeropuerto. Escribe para quien toma decisiones y necesita marcos conceptuales sólidos, no anécdotas motivacionales.
Nuestra opinión sobre Empresas que caen
El núcleo del libro es el modelo de cinco fases que Collins propone para describir cómo las grandes empresas se deterioran. La arrogancia derivada del éxito, la búsqueda indisciplinada de más, la negación del riesgo, el recurso a soluciones milagrosas y la capitulación o extinción. Lo que hace que el modelo sea incómodo es que Collins demuestra, con datos, que estas fases son perfectamente visibles desde fuera antes de que la empresa en cuestión las reconozca.
Eso plantea una pregunta molesta: ¿por qué los líderes de esas empresas no lo ven? La respuesta de Collins apunta a dinámicas internas de poder, a la dificultad de cuestionar el éxito propio y a la tendencia humana a atribuir los malos resultados a factores externos. No es una respuesta cómoda, pero es una respuesta rigurosa, apoyada en décadas de investigación comparativa.
Por qué escuchar Empresas que caen
Fernando Cebrián Martín encuentra el punto adecuado entre la dramatización excesiva y la planitud soporífera: voz clara, dicción precisa, ritmo que acompaña al argumento sin imponerse. Cuando Collins enumera datos o estadísticas, Cebrián Martín los entrega con la cadencia necesaria para que el oyente pueda procesarlos. Eso, en un libro de management con abundante referencia numérica, no es un mérito menor.
La única reserva que tengo es que en la parte final del libro, que según algún oyente contiene principalmente referencias bibliográficas, el narrador mantiene el mismo tono neutro, lo que puede resultar confuso si no anticipas ese cambio de registro.
Lo que debes tener en cuenta
Empresas que caen funciona mejor como audiolibro si estás dispuesto a escuchar activamente. El modelo de cinco fases es fácil de retener, pero los ejemplos que Collins desarrolla para cada fase, los casos de Motorola, Rubbermaid o Circuit City, son donde está el verdadero valor del libro. Seguirlos requiere atención, y la recompensa es proporcional a esa atención.
Si necesitas subrayar o volver a un párrafo concreto para reflexionar, el papel o el ebook tienen ventaja. Pero si eres el tipo de oyente que procesa bien la información oral y tomas notas mentales, las seis horas de este audiolibro son una inversión que rinde dividendos.
Para quién es Empresas que caen
Empresas que caen tiene sentido como lectura autónoma, pero cobra más dimensión si ya conoces Empresas que sobresalen. Collins construye sobre sus investigaciones anteriores, y algunos de los casos que analiza son empresas que anteriormente había citado como ejemplos de excelencia. Esa ironía es intencionada: los mismos factores que llevan al éxito pueden, si se gestionan mal, convertirse en el primer paso del declive.
Para emprendedores, directivos medios y altos, estudiantes de MBA y cualquiera que trabaje en organizaciones con más de cincuenta personas, este es un libro que añade vocabulario y marcos de análisis concretos. No es lectura de playa, pero tampoco es lectura árida. Collins sabe contar historias de empresas con la misma habilidad que usa para analizarlas. Puedes accederlo como audiolibro gratuito a través de Audible si quieres comprobarlo antes de comprarlo.