Llegué a Los caminos perdidos de África sin haber leído los dos anteriores de la trilogía, lo cual probablemente no es la mejor estrategia. A los treinta minutos ya sabía que tendría que volver al principio. Javier Reverte escribe sobre África como alguien que lleva años construyendo una relación personal con un continente que no se deja conocer a la primera visita, y esa acumulación de experiencia y afecto se nota en cada página de forma que resulta difícil de ignorar si llegas sin el contexto de los dos libros anteriores.
El territorio que recorre en este tercer volumen es Etiopía, Sudán y Egipto, regiones que comparten el hilo del Nilo pero que son radicalmente distintas entre sí. Reverte las recorre a lo largo de varios meses con la misma actitud que caracteriza su escritura viajera: curiosidad sin turismo, honestidad sin cinismo, atención a las personas que encuentra en el camino por encima de cualquier agenda cultural o política preestablecida.
La escritura viajera como literatura, no como guía
Hay una distinción que conviene hacer antes de empezar Los caminos perdidos de África: esto no es un libro de viajes en el sentido utilitario del término. No encontrarás aquí recomendaciones de hoteles ni itinerarios. Lo que encontrarás es escritura viajera en el sentido más literario de la expresión: un texto que usa el desplazamiento físico como pretexto para explorar la historia, la cultura y las personas de los lugares que recorre, con una voz narrativa que es reconociblemente la de alguien que lleva décadas escribiendo y que sabe lo que quiere decir.
Reverte es, en ese sentido, heredero de una tradición de escritores viajeros que va de Laurens van der Post a Bruce Chatwin, aunque con una voz más directa y menos afectada que la de muchos de sus referentes anglosajones. Uno de los oyentes señala que Reverte 'nos hace caminar a su lado con naturalidad, ternura, curiosidad, perspicacia, humor, pas', y esa descripción es precisa: la prosa no se impone sobre los lugares, los acompaña.
Etiopía, Sudán, Egipto: tres lecturas de un mismo río
El Nilo como hilo conductor es una elección narrativa inteligente porque permite que el libro tenga unidad sin imponer uniformidad. Etiopía, Sudán y Egipto son realidades muy distintas, con historias muy distintas y con relaciones muy distintas con el río que las atraviesa. Reverte no fuerza las comparaciones: deja que cada territorio cuente su propia historia y que el lector construya las conexiones.
Los capítulos sobre Etiopía son probablemente los más originales para el lector español, que tiene menos contexto cultural para ese país que para Egipto. Reverte los aborda con una preparación histórica que se nota pero que no abruma: conoce la historia que está narrando y la integra en el relato de viaje sin que parezca un añadido académico. Como señala uno de los oyentes que viajó a Etiopía después de leer el libro, el texto funciona como una introducción cultural que te ubica antes incluso de llegar.
Dieciséis horas de escucha: el tiempo que pide este libro
Con casi diecisiete horas de duración, Los caminos perdidos de África es un compromiso de escucha considerable. Es el tipo de audiolibro que pide un estado de ánimo específico: no funciona bien en desplazamientos rápidos ni en momentos de atención fragmentada. Funciona mejor en trayectos largos, en tardes sin plan, en esos momentos en que tienes ganas de que alguien te lleve a algún lado sin que tengas que ir a ninguna parte.
Jordi Salas, como narrador, entiende esa exigencia. Su lectura es pausada y clara, con una entonación que respeta el ritmo de la prosa de Reverte sin interferir en ella. No añade dramatismo donde no lo hay ni acelera en los momentos que el texto invita a frenar.
Para quién es este audiolibro y por dónde empezar
Si nunca has leído a Reverte y tienes curiosidad por su obra, lo ideal es empezar por El sueño de África, que es el punto de partida de la trilogía y donde se establece la relación del autor con el continente. Si ya conoces los dos anteriores, este tercer volumen es el cierre natural de un proyecto literario coherente y ambicioso.
Para quien tenga interés en la historia de Etiopía, Sudán o Egipto, el libro funciona también como puerta de entrada: Reverte proporciona contexto histórico suficiente para que el viaje tenga sentido incluso si no tienes ningún conocimiento previo de la región.