No soy ciclista. Tengo una bici que uso de manera irregular y sin demasiado criterio técnico. Y sin embargo La Bici lo es todo de Robert Penn me tuvo enganchada durante casi ocho horas con una concentración que no siempre consiguen los libros de mi propio campo. Eso dice algo sobre lo que Penn ha escrito aquí.
Me lo puse un sábado por la mañana pensando que era un libro de ciclismo y que lo escucharía con media atención. Me equivoqué. Penn escribe sobre la bicicleta de la misma manera en que se puede escribir sobre cualquier cosa que has amado durante toda la vida: con detalles que solo conoce quien ha prestado atención de verdad, y con una generosidad que contagia ese amor al lector aunque no lo comparta.
Nuestra opinion sobre La Bici lo es todo
El libro es en realidad dos libros en uno. Por un lado, es la historia de Penn montando en bici casi todos los días de su vida, desde la infancia hasta la madurez, con todo lo que eso implica: los accidentes, las revelaciones, los paisajes, la sensación de libertad que no se encuentra en ningún otro sitio. Por otro, es el relato del viaje que emprende para construir la bici de sus sueños: un peregrinaje que lo lleva de California a Gran Bretaña, pasando por artesanos y constructores de cuadros que todavía hacen las cosas como siempre se han hecho.
Las reseñas son unánimes en algo: quien ama la bici, lo adora. Y quien no, lo encuentra igualmente atractivo porque Penn es suficientemente buen escritor para que el objeto sea solo la excusa. Como dice una de las reseñas, es ‘un imprescindible para los amantes del ciclismo’, pero lo que no se menciona es que también funciona para quien no es ciclista pero sabe lo que es tener algo que te define.
Por que escuchar La Bici lo es todo?
Porque es de esos libros que te reconcilian con el hecho de que las obsesiones tienen dignidad. Penn no se disculpa por haber organizado parte de su vida alrededor de una bicicleta, y esa falta de disculpa es liberadora. Los artesanos que visita en su peregrinaje son personajes entrañables, cada uno con su manera de entender lo que significa hacer algo bien con las manos. Y la historia de la bicicleta que aparece entretejida en el relato es mucho más interesante de lo que nadie podría imaginar antes de leer el libro.
Eduardo Diez como narrador capta bien el tono del libro: hay momentos líricos, momentos de humor, momentos técnicos que no son aburridos porque Penn los contextualiza siempre en la experiencia humana. Diez sabe modular entre esos registros sin que la transición resulte brusca, lo cual es un trabajo de interpretación que no hay que subestimar en casi ocho horas de material.
Lo que debes tener en cuenta
Hay momentos de detalle técnico sobre componentes de bicicleta que pueden resultar densos para quienes no tienen ningún contexto ciclista. Penn lo explica bien, pero si no sabes la diferencia entre un cuadro de acero y uno de carbono, algunos tramos requieren más atención. No es un obstáculo real, pero sí algo a saber de antemano.
También hay que decir que la traducción al castellano lleva su propio trabajo de adaptación, y hay expresiones del original inglés que en algunos momentos se sienten ligeramente ajenas. No es un problema grave, pero alguien con buen oído literario puede notarlo.
Para quien es La Bici lo es todo?
Para ciclistas, evidentemente. Para quienes montan en bici sin tomárselo muy en serio pero sienten que hay algo en ese acto que va más allá del transporte. Y para cualquiera que haya tenido una obsesión que no puede explicar del todo y que ha organizado parte de su vida alrededor de ella. No es para quien busca un manual técnico sobre bicicletas ni para quien no tolera la prosa memorialística. Pero si puedes con un libro que mezcla aventura personal, reportaje y oda al objeto amado, La Bici lo es todo es exactamente eso, y lo es muy bien.